En la introducción del libro “12 entrevistas con arquitectos” de Fabio Oppici y Enrique Walker, Rodrigo Pérez de Arce se cuestiona sobre cómo, en el caso del formato de la entrevista, es posible referirse a la arquitectura únicamente por medio de las palabras, dejando de lado aquellos formatos de representación como dibujos, croquis o modelos con los que habitualmente solemos concebir, desarrollar e incluso justificar las obras. Lo que visto de una manera ortodoxa podría ser catalogado como una falencia de este formato aplicado al campo de la arquitectura, ofrece desde otro punto de vista la posibilidad de evidenciar aquellas intenciones, posturas o inquietudes que determinan la práctica arquitectónica de los invitados, significados que -semióticamente hablando- son difícilmente transmitidos a través de los dibujos.

Esto toma particular relevancia si partimos de la hipótesis de que, como asevera Mark Wigley, los arquitectos más que constructores son habladores: “ellos no hacen objetos sólidos. Ellos hacen discursos sobre los objetos”. En concordancia con esto, los discursos para el filósofo Michel Foucault consisten en una serie de enunciados o planteamientos que comunican una cierta idea y que definen todo lo que puede ser dicho sobre un tema a partir de la conformación de una forma particular de entender la realidad. Los discursos entonces no son solo un glosario particular de palabras, pues más bien abarcan los significados o ideologías planteados por medio de éstas. Tomando esto como base, la arquitectura puede ser entendida como una disciplina en la cual operan un conjunto de discursos administrados por un organismo de control que valida constantemente cuales de estos generan arquitectura y cuáles no. Y si nos referimos a los discursos que pueden operan en la arquitectura, encontraremos que varios podrían ocuparse paralelamente y en conjunto – justificándose unos a otros –, mientras que otros se ignorarían y excluirían – conformando enunciados de verdad diferentes -. Incluso pueden existir estrategias discursivas aparentemente extintas debido a su desuso u ocultación intencionada.

En coincidencia con esto, Collin Rowe planteaba justamente que no era posible hacer una definición de arquitectura. Él defendía esta postura basándose en las ideas de Nietzsche, quién aseveraba que solo lo que no tiene historia es susceptible de definición. Para Rowe no era posible entonces definir de manera precisa algo que se encuentra en constante cambio, como es el caso de la arquitectura. Por lo tanto, lo correcto era entonces definirla más bien de la manera totalmente opuesta, es decir, como algo no preciso, como un mito. Rowe estaba consciente de la imposibilidad de que existiera una única definición de arquitectura lo largo del tiempo, sino que, por el contrario, ésta tendería a tener múltiples definiciones según la persona que se encontrara interpretando un fragmento de la historia en específico desde un tiempo determinado. Pero el hecho de que existieran múltiples definiciones no quería decir que había  algunas correctas u otras falsas, o que entre ellas se justificaran o refutaran. El hecho es más bien que todas tenderán a ser correctas, pues derivan de un sistema de verdades establecido por el arquitecto y su tiempo, sin embargo, a pesar de que estén justificadas, no podemos estar totalmente seguros de ellas.

A partir de esta coyuntura, {in}finitos es una instancia que busca reflexionar sobre las implicaciones de los discursos en arquitectura. Partiendo de la premisa de que los arquitectos desarrollamos discursos a partir de las obras que diseñamos y que por lo tanto la arquitectura puede ser abordada como un evento comunicativo; se propone que a partir del formato de la entrevista una serie de arquitectos u oficinas de arquitectura reflexionen sobre los anhelos, motivaciones, formas y estrategias de trabajos, temáticas, o agendas que definen sus respectivas prácticas profesionales, docentes e investigativas.